miércoles, 28 de abril de 2010

Docencia, televisión y el mito de las cavernas

Deseo convertir la caricatura en mi cuarta entrega en el ciber espacio de Filosofía de la Educación.


A propósito de la televisión quiero decir que este medio limita con el reino de las fantasías, no sólo con las actuaciones, sino también cuado transmite realidades y noticias en vivo y en directo y se convierte, querámoslo o no, en un actor educativo de altísima importancia y de gran capacidad de penetración en las conciencias de los individuos.

Así las cosas las fantasías del género telenovela se cuelan dentro del género de la noticia de TV confundiendo a la audiencia entre lo real y lo irreal.

Esto ocurre en el ámbito informativo cuando el aderezo ideológico hace el papel de la dramaturgia y exacerba sólo partes de la realidad  a representar.

El sociólogo y crítico cultural francés, Jean Baudrillard, muerto hace apenas dos años, hace uso de las categorías de análisis de la filosofía postmoderna donde militó, para decir que la figuración televisiva se escapa de la dominancia de lo real, para comprometerse con lo por él llamado el reino de los “simulacros”, para, bajo esa visión construir otra verdad, explicación para lo cual se auxilia en el verbo de el chileno Jorge Luis Borges y sus “ficciones”.

Tal como lo sugieren estos dos autores, el mapa pasa a constituir al territorio, resultándole tan correspondiente, que no se pueden distinguir el uno del otro, la materia se confunde con la representación, y la representación se asume entonces como una esencia tan elevada que se convierte en una especie de nuevo topos uranos, que ahora llamamos televisión.

El mismo Platón, creador de la categoría topus uranos, nos da herramientas para entender esta problemática, a través del mito de las cavernas, creando imágenes y situaciones que representan interesantes parecidos con el mundo de la televisión y la noticia televisiva actual.

Las imágenes que los esclavos veían en la caverna de Platón, a través de las sombras de las realidades producidas por la luz del fuego, son un mapa, que al no existir otro parámetro, se convierten en el territorio, o al menos así lo son en la mente de los habitantes de la caverna impedidos para salir de ella. Si alguno de ellos saliera y reportara la existencia de otra realidad, los habitantes la rechazarían, por lo increíble de la información.

Esta situación, visualizada en el pensamiento griego del siglo IV antes de cristo, sigue presente y de actualidad, pues de alguna manera, la relación entre el televidente y la televisión funciona como la del mito. Se nos presenta una imagen que damos por verdad, con tal fuerza de penetración, que llegamos a convencernos de que ese mapa es en efecto la realidad.

En el centro de la confusión queda el docente con su profesión intelectual y crítica, impedido de comunicarse desde la realidad, debido a que el mito de la televisión, cubre toda la capacidad de entender de los sujetos y convierte en increible a la realidad.

martes, 20 de abril de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

http://www.youtube.com/watch?v=pmcGbbmBr1I

Razonamiento inicial para leer y responder en forma individual el 20 líneas a través de la ventana de comentarios

Este es el Blog de apoyo para el encuentro con el curso de filosofía de la educación del
PAENA 2010 sección   , el cual se desarrollará a través de una responsabilidad colectiva manejada por los alumnos de este curso y el profesor Alberto Muñecas Vecchione.

El curso será una reflexión destinada a crear docentes constructores de soluciones viables a los problemas educativos que se presentan en el campo de acción de docentes y estudiantes en cualquiera de las modalidades y niveles educativos del sistema social de formación.

Se trata de un enriquecimiento de la capacidad de comprensión del intelectual docente, con el fin de que identifique y se separe de cualquier intromisión ideologizadora y/o cercenadora de la libertad y/o la autonomía que deben acompañar a la condición intelectual, como un derecho humano básico.

El hombre intelectual es un sujeto vacunado contra la alienación, dispuesto a convertirse en un transformador constructor capaz de liberar a la sociedad de las fórmulas de poder que a través de la historia han tratado y tratan de detener la condición creadora del colectivo y el individuo.

Desde el piache y cacique tribal, hasta el dirigente político o militar, el poder que ellos ejercen es irremediablemente conservador de una lógica social que le es favorable a la élite que lo sostiene y en consecuencia siempre opuesto a los poderes creadores y reformadores del ser humano. El poder se aplica con exquisita preferencia en las dinámicas de los procesos escolares, los cuales son habitualmente cercenados a través de la lógica administrativa del programa de clases, el currículo, la evaluación, la supervisión y la coerción administrativa y laboral.

El docente que se viste ciegamente con estas armaduras decimonónicas de la teoría educativa, se convierte en una especie de fósil medieval que reproduce los mecanismos clásicos del poder usualmente vinculados al ocultamiento y el engaño sobre la realidad, Estos docentes marcadores del poder se expresan regularmente por la vía del cumplimiento estricto de las obligaciones socio-estructurales del sistema, guarida muy eficiente del quietismo que el poder desea de sus gobernados. Adicionalmente el docente reproductor del poder suele regirse por la aplicación de sus propios y anacrónicos códigos, arrancados desde las profundidades del mar de sus alienaciones, constituyendo un escenario educativo que no se recrea, sino que se repite rutinariamente.

A partir de la comprensión de estos procesos, el curso de Filosofía de la Educación persigue que cada participante desarrolle una aguda capacidad crítica, con el fin de derrocar, desde la semilla de lo socio-civilizatorio (léase escuela), todo intento totalitario de secuestrar el atributo humano de la libertad, sea cual sea el actor social que lo patrocine o imponga.

La base de la libertad se residencia, de acuerdo a esta interpretación, en la capacidad crítica de investigación personal y colectiva multideterminada y automotivada para la creación de capital civilizatorio en cualquiera dimensión y en todas sus opciones, guardando como únicos límites a la ética y la moral de la época en que aparezcan las creaciones.